Las filminas son la nueva moda de las universidades privadas. Un docente clásico se ponía delante del curso y explicaba, apoyando sus palabras con ocasionales gráficos, ecuaciones, o palabras escritas en el pizarrón. Esta ayuda visual es importante ya que es uno de los tres canales de aprendizaje (los otros dos son el auditivo y el cinestésico). Sin embargo, la generación audiovisual ha avanzado tanto que ya ni siquiera en el ámbito académico son necesarios la palabra escrita y su hábitat por excelencia: los libros. La biblioteca es una especie en extinción y casi desconocida para muchos. De las fotocopias, que eran un válido sustituto (si bien poco noble en la forma, igual de válido en contenido) se ha pasado a unas vistosas diapositivas que intentan condensar -en un puñado de frases sueltas y simpáticos gráficos – la complejidad de un libro universitario. Las filminas son el apuntador de muchos docentes que -convertidos en intermediarios que no aportan ningún valor agregado- se limitan a pasarlas y leerlas en voz alta. La mayoría de las veces son resúmenes simplistas que inducen al estudiante a pensar que la materia se reduce a eso, en vez de motivarlo a profundizar en algunos temas, como debiera ser su finalidad. El estudiante no lee, escucha, ni escribe lo que interpreta, sino que mira pasivamente la proyección, como una continuación de la pantalla del monitor y de la televisión. Un atajo que conduce a un solo destino: la ignorancia. Y del peor tipo, ya que está disfrazada con una pátina de saber que, a la mínima pregunta razonable, se descascara y deja expuesto el profundo desconocimiento de la materia. Claro que muchos exámenes son igualmente superficiales, por lo que la mera lectura de unas cuantas filminas garantiza, cuanto menos, el acceso a la nota mínima para aprobar.
Deberían valorarse por lo que son: guías de estudio. Es decir, permiten conocer el enfoque del profesor, qué temas dio en clase. Es decir, tienen la misma funcionalidad que cualquier apunte; de hecho, son el apunte del vago. Ni siquiera tiene que molestarse en escribirlo o siquiera sacarle fotocopia. Las nuevas herramientas abren nuevas oportunidades a la docencia, siempre y cuando sean utilizadas adecuadamente. Las filminas –aunque perfectamente prescindibles- contribuyen a darle mayor riqueza visual y sonora a una clase (se pueden mostrar videos, fotos, esquemas dinámicos, etc.), pero no siempre son el mejor recurso. Muchas veces son más convenientes un docente que cuenta y cautiva desde el valioso recurso de su pasión por lo que enseña, una fotocopia que hay que ir llenando y que requiere del alumno una participación más activa, o el viejo y querido pizarrón que, a diferencia de las atomizadas filminas, permite una lectura global de los temas que se van desarrollando, y una comprensión más amplia y universitaria.
Pronto voy a subir una filmina que sintetice este artículo. Va a decir: Filminas, flecha, ignorancia, flecha, otros recursos, flecha, pasión, participación, pizarrón.
Etiquetas: audiovisual, docente, enseñanza, estudiante, filminas, ignorancia, libros, pizarrón, universitario