Quienes nacimos del ´80 para atrás solemos valorar lo impreso por sobre lo virtual, como si el costo en tiempo y dinero que requiere avalasen su contenido. Las nuevas generaciones no padecen este prejuicio, pero lo canjean por uno inverso: anteponen lo digital a lo analógico. Lo impreso suele representar para ellos lo obsoleto, tedioso, lineal, mientras que lo digital les da la posibilidad de búsquedas no lineales (es decir, poner “Hamlet” y que la computadora busque esa palabra en mil hojas), enlazar contenidos, y utilizar herramientas que facilitan la escritura y la lectura. Crecieron con un teclado tatuado en los dedos: no conocen lo que es ir a buscar información a una enciclopedia, una palabra desconocida a un diccionario, o revisar exhaustivamente un libro. Es la generación de lo inmediato, del copy-paste ¿Para qué perder tiempo leyendo un libro, si se puede encontrar el resumen en Internet? (incluso portales como Yahoo alientan a “hacer la tarea en cinco minutos”, pidiendo a otros que la hagan por uno). Ignoran que lo más valioso del aprendizaje no se encuentra en ningún resumen. Quienes sigan su consejo serán aprendices de loros, repetirán con menor gracia y fundamento palabras ya prostituidas por cientos de personas. Nada original saldrá de sus bocas: sus labios serán fotocopiadoras.
La lectura virtual que propone Internet es un zigzag, un paneo, un escaneado que busca palabras clave y, si no las encontramos, seguimos de largo. Es un zapping continuo. Una de las razones podría ser que, a pesar de que las nuevas pantallas son más amigables que el ámbar de las de antaño, no dejan de ser incómodas para leer textos largos. No tienen portabilidad, no se pueden marcar, y menos subrayar y escribir notas al margen. Apenas se las puede mirar: los textos tienen aires de televisor. En cambio el libro ya tiene todos los beneficios que los científicos e investigadores buscan con las nuevas tecnologías: son económicos, portables, ecológicos, compatibles, perdurables (hoy podemos leer un libro de mil años de antigüedad ¿podrán los nietos de nuestros nietos leer el texto almacenado en una Palm de hoy?).
Por lo tanto, en virtud de sus limitaciones en cuanto a la extensión, lo digital podría conformarse con presentar fragmentariamente una muestra de un texto más largo, o un texto breve en forma íntegra. Sin embargo, la diversidad de estímulos hace que se vea afectada la necesaria atención requerida para, por ejemplo, escuchar la musicalidad de una poesía, o para aprehender la sutileza de una idea. Las computadoras multitarea refuerzan esta conducta: se puede -al mismo tiempo – chatear en un mensajero, dejar un comentario en un fotolog, y escuchar música. Se privilegia la cantidad por sobre la calidad; Cortázar sostenía que cenar con un violinista de fondo era un insulto tanto para el músico como para el cocinero.
La reflexión, el pensamiento, y hasta el ejercicio básico de leer necesitan un espacio, un silencio. La multiplicidad de estímulos disminuye nuestra capacidad de percepción, comprensión y procesamiento. Quien hace malabares con tres rosas es poco probable que pueda apreciar el aroma y la suavidad de sus pétalos. Y para mentes exactas y lógicas, hasta la física lo ratifica: presión es fuerza sobre superficie. A mayor superficie (más actividades), menos presión (atención). Y lo que hace emerger lo profundo de un texto no es la lectura primaria, apresurada, que apenas le acaricia el lomo, sino una exhaustiva relectura que reflexiona, cuestiona y analiza a fondo su contenido.
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Agosto 13, 2008 a las 9:27 pm |
Muy intersante, me gustaría saber un poco más: Después de esto, ¿le queda algo bueno a la lectura digital? ¿De hacer un taller para fomentar la lectura, qué de bueno se incluiría respecto a este fenómeno? Gracias, Ernesto.
Agosto 14, 2008 a las 5:30 pm |
Gracias por tu lectura y comentario Ernesto. Con respecto a la primera de tus preguntas, pienso que la lectura digital sí tiene cosas interesantes: uno puede encontrar ese artículo que leyó hace tantos años poniendo sólo un par de palabras en un buscador, comparar en poco tiempo distintas opiniones o reflexiones sobre un mismo tema, escribir digitalmente y que los lectores puedan interactuar con el autor, y así. No sustituye un buen libro (como quieren creer algunos), sino que lo complementa.
Y enlazándolo con la segunda pregunta, pienso que un taller de lectura tiene que hacer hincapié en el amor a la palabra más allá del medio en el que sea trasmitida (Internet, audiolibro, revista, etc.). Por ejemplo, el primer contacto de muchos chicos con las palabras son las historias que les cuentan sus padres antes de ir a dormir (aún recuerdo los personajes estrafalarios que inventaba el mío).
Y si querés incluir algún punto digital, sugiero que sea acerca de cómo buscar eficientemente contenido de calidad. Claro que para ello es necesario tener desarrollada previamente una buena capacidad de lectura y comprensión.
Saludos,
Pablo.